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¿Qué hay de lo mío?

 

Rajoy tendrá que hacer frente a las exigencias de medios y opinadores de la extrema derecha que tanto le han ayudado
José María Izquierdo 17 NOV 2011 – 20:57 CET10

María Dolores de Cospedal tiene claras todas las reformas que debe emprender el Partido Popular si por fin vence el 20-N. Y las enumeró en Toledo el 9 de octubre: laboral, fiscal, educativa y de la justicia. Todas ellas, dijo, “como instrumentos imprescindibles para el futuro del país”. Cuatro grandes reformas, pues, y por cada una de ellas uno o varios grupos de presión ávidos de cobrarse la pieza que hace tanto tiempo esperan. Sobrevolando a todos esos grupos, y en no pocas ocasiones codo con codo, que a veces cuesta saber cuál de ellos es el que manda y cuál el que obedece, unos medios de comunicación que llevan años apoyando a Mariano Rajoy y que esperan a que llegue el 21-N para cobrar tan valiosos servicios prestados. El posible futuro presidente lo sabe, porque lleva años navegando en tan comprometida compañía. Y ya se sabe los peligros que corre quien se encierra en el acuario con decenas de tiburones hambrientos.

Unos y otros van a intentar sacar todo el provecho del que creen ser justos acreedores. Y van a vigilar todos y cada uno de los primeros pasos que dé el Gobierno de Mariano Rajoy. Algunos incluso han fijado plazos como el eurodiputado Aleix Vidal-Quadras en un artículo en La Gaceta, el diario del Grupo Intereconomía del que es colaborador y tertuliano habitual: cien días. Ni uno más: “Varias serán las piedras de toque en los primeros cien días de la mayoría absoluta del PP que marcarán enseguida la tónica de los nuevos tiempos. La derogación de las leyes del aborto y del matrimonio homosexual, la supresión del Impuesto del Patrimonio recientemente resucitado, la descentralización de los convenios colectivos, la implantación de un contrato de trabajo único con condiciones de rescisión comparables a la media de la OCDE, la aprobación de medidas legislativas que permitan al Gobierno central controlar el gasto autonómico y la ilegalización de Bildu indicarán el nivel de compromiso y de decisión para poner a España en la senda de la recuperación”.

Claro que siempre los hay más impacientes. Carlos Dávila, La Gaceta, 31 de octubre: “Esta vez el programa hay que cumplirlo. Y además a toda prisa. Antes del 31 de diciembre, si Rajoy gana, debe atizar la pereza de todos los españoles con un porrazo monumental que acabe, sin dilación, con la pesadilla socialista”.

Vidal-Quadras ha sabido reunir en su artículo varias de las exigencias que le van a llover a Rajoy desde el primer día. Por ejemplo, el aborto y el matrimonio homosexual, dos leyes que el propio Rajoy llevó al Tribunal Constitucional y a las que se enfrentó con notable dureza. Pues a ver qué hacemos ahora, se pregunta, por ejemplo, esa jerarquía católica que tanto le apoyó en la calle y que llegó a compartir pancartas con muchos de sus dirigentes. “Es necesario tutelar el derecho de los españoles a ser tratados por la ley como esposo y esposa, en un matrimonio estable, que no quede a disposición de la voluntad de las partes ni, menos aún, de una sola de las partes. Son también peligrosos y nocivos para el bien común ordenamientos legales que no reconocen al matrimonio en su ser propio y específico, en cuanto unión firme de un varón y una mujer ordenada al bien de los esposos y de los hijos”, le recordaron al líder popular desde la Conferencia Episcopal el 20 de octubre.

En temas económicos, bueno estaría, por ejemplo, que en la reforma laboral no se atienda a las agrupaciones de empresarios, que tanto tiempo llevan esperando a que llegue la derecha para llevar a cabo esa reforma que ansían y que el PSOE solo ha atendido a medias. Ahora, con la situación económica en el punto en el que se encuentra y la derecha en el poder, la CEOE, la CEIM y otras organizaciones empresariales creen que será mucho más fácil traspasar esas líneas rojas en las contrataciones laborales que hasta ahora se habían respetado.

Basta para saber por dónde van a ir esas exigencias leer la propuesta —para su traslado “al próximo presidente del Gobierno”— de la patronal madrileña, presidida por un gran amigo de Esperanza Aguirre, el empresario hostelero Arturo Fernández, partidario de una “reforma brutal” y que este periódico publicó el 18 de octubre.

Un apretado resumen: copago sanitario y en dependencia, congelación de impuestos y “restringir el ejercicio de la huelga” en periodos especiales. Y, por supuesto, suprimir el Impuesto sobre el Patrimonio.

¿Y qué hacer con los sindicatos? Pues Rajoy ya lo sabe: acabar con ellos. Como le propone, también en La Gaceta, Juan Van-Halen, senador del PP, o los editorialistas del diario. Del primero: “A primeros de los ochenta, Margaret Thatcher planteó un pulso de renovación profunda al sindicalismo británico; y lo ganó. Los sindicatos no pueden seguir siendo una especie de ministerio externo en Gobiernos de izquierdas y de palancas de agitación cuando gobiernan otros. Una antigualla. La Thatcher lo tuvo claro”. Pues ya sabe Rajoy lo que debe hacer. De los segundos: “Confiemos en que Rajoy posea el aplomo suficiente para plantarles cara a socialistas, sindicatos e indignados y para, en definitiva, detener la helenificación de España”.

¿Y qué decir de la “imprescindible” reforma educativa? Por lo pronto, la Iglesia, como en el aborto o el matrimonio gay, presiona de lo lindo. Para ellos, la enseñanza de la religión y la moral católica en la escuela pública debe ser “una asignatura fundamental opcional”. Y, por supuesto, el Estado “debe evitar imposiciones ideológicas que lesionen el derecho de los padres a elegir la educación filosófica, moral y religiosa que deseen para sus hijos. En cambio, ha de ser facilitada la justa iniciativa social en este campo”.

Y ahí llegamos a Educación para la Ciudadanía, esa asignatura que tanto disgustó a Rajoy y que ahora, desde las trincheras más ultras, van a exigirle que cumpla lo prometido: retirarla. “El Partido Popular solo tiene una opción: cumplir sus compromisos y eliminar las asignaturas de EpC (Educación para la Ciudadanía). Sin ambigüedades, sin maquillajes, sin componendas. Por eso estoy convencido de que nos encaminamos hacia el final de una grave anomalía”. Esto es lo que escribe en Libertad Digital uno de los grandes ideólogos de la ultraderecha, que ha llevado el peso de la guerra contra esta asignatura, Jaime Urcelay, presidente de una fantasmagórica asociación llamada Profesionales por la Ética, que no es otra cosa que un reaccionario grupo de presión.

Mariano Rajoy va a tener que lidiar, también, con una de las exigencias más repetidas por algunos representantes de la extrema derecha mediática, desde Pedro José Ramírez a Federico Jiménez Losantos, conocidos como los conspiranoicos: el 11-M. Nadie mejor para explicarlo que un editorial de Libertad Digital, una de las publicaciones más destacadas en defender el complot universal: “Por mucho que las elecciones del próximo 20 de noviembre reviertan el cambio de Gobierno que se produjo aquel 14 de marzo sacudido por la matanza, nuestro afán por saber no se apagará hasta que conozcamos toda la verdad del 11-M”. Advertencia que ya se encargarán de hacer efectiva esos medios, El Mundo, Libertad Digital, etcétera, y esos investigadores: Luis del Pino, Peones negros…

Pero es sin duda en el tema de ETA y qué hacer tras el anuncio de la banda del cese de las acciones armadas donde se produce de manera más cruda esa presión de los medios ultras, siempre en connivencia con el ala más ultraderechista del PP que encabeza Jaime Mayor Oreja. Las reacciones a la primera valoración de Rajoy sobre el comunicado —“este anuncio se ha producido sin ningún tipo de concesión política”— le granjeó duros ataques desde editoriales en LD o artículos de opinión en El Mundo y otros. LD atiza primero al PSOE y al Gobierno, pero advierte al PP: “No se debe olvidar que son un Gobierno en su fase final y un partido derrotado por su incapacidad para hacer frente a los problemas de España los que impulsan la capitulación ante los terroristas. Eso debería ser suficiente para que el proceso quedara en papel mojado. Por otro lado, convendría que el PP emitiera signos inequívocos de que no piensa continuar la ruta marcada por el PSOE ni validar uno solo de los acuerdos a los que haya podido llegar el Gobierno con los terroristas y sus partidarios”.

Jiménez Losantos en El Mundo: “El discurso de albricias de Rajoy tras el comunicado etarra ha llevado la confusión a la opinión pública, empezando por los militantes del PP. ¿Cómo es posible que después de criticar la Conferencia de Paz, la legalización de Bildu, el caso Faisán y las complacencias de jueces y fiscales progres con el proceso de paz de Zapatero y Rubalcaba, Mariano Rajoy no ponga en solfa el supuesto anuncio del fin de la ETA, que de final no tiene nada?”. Y sugiere que Rajoy ha podido llegar a algún oscuro acuerdo con ese Gobierno traidor: “El PP se habría comprometido a continuar el camino socialista de cesiones y concesiones a la ETA que solo puede terminar con el troceamiento de España y el fin la democracia en el País Vasco y Navarra”. O Carlos Dávila, el director de La Gaceta: “Estamos contando que desde hace tiempo, poco, Zapatero y él mantienen acuerdos secretos, pactos entre el que se va y el que viene. Uno de ellos ¿es el de ETA? Deberían responder”.

Así que ante este posible panorama, al que hay que añadir la presión de las asociaciones de víctimas del terrorismo, donde siempre destaca el grito de Francisco Alcaraz, el hombre que mueve y al que mueven, Mariano Rajoy tiene problemas añadidos a la ya difícil tarea de rematar el proceso del fin de la banda. Advertencias: Carlos Esteban, La Gaceta: “No importa si ha habido concesiones o no; importa que no se cumplan (…) Previsiblemente, a partir del 20 de noviembre tendremos un Gobierno de otro signo que no solo no está obligado a respetar presuntos pactos, sino exactamente a lo contrario”. O Luis María Anson, muy claro, en El Mundo: “En la peligrosa crónica anunciada de tu victoria electoral, no puedes bajar la guardia ni olvidar que si los españoles te llevan a La Moncloa te exigirán que cumplas tus compromisos. Esperan de ti que inicies el proceso de deslegalización de Bildu, que no negocies políticamente con ETA, que impongas desde el Estado de derecho la disolución de la banda, la entrega de las armas, el reconocimiento de sus culpas. Y que los terroristas pidan perdón a sus víctimas”.

Y de ahí, ni un milímetro. Las líneas rojas las tiene Rajoy bien marcadas por sus más encendidos hinchas, que tanto le han dado para llegar a donde ha llegado. Veremos ahora, si es que finalmente gana, cuántas recompensas está dispuesto a conceder y hasta dónde piensa enfrentarse al vocerío de la ultraderecha y los grupos de presión que los sustentan. El enigma Rajoy.

José María Izquierdo es autor de Las mil frases de la derecha de la caverna (Aguilar).

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