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La ‘Tasa Tobin’, de utopía a proyecto urgente
Francia impondrá el tributo sobre las transacciones financieras sin esperar al resto de Europa Desafía la idea de que no es viable en un solo país
Penalizar la especulación conlleva riesgos
David Fernández Madrid 31 ENE 2012 – 21:13 CET6

La historia está repleta de ironías. El primero que habló de poner un impuesto a las transacciones financieras —ya ha llovido desde 1936— fue… ¡un inglés! John Maynard Keynes sería tachado hoy de vendepatrias y la lista de los críticos la encabezaría el mismísimo primer ministro británico, David Cameron. Y es que con la City de Londres —uno de los mayores centros financieros del mundo— no se juega. Cuatro décadas después de que Keynes lanzara la propuesta para frenar los vaivenes de unas Bolsas que él ya comparaba con un casino, uno de sus discípulos, James Tobin, retomó la idea. Una vez desmontado el sistema de Bretton Woods, la idea de este economista estadounidense era reducir la especulación sobre las divisas.

Desde entonces la posibilidad de aplicar este impuesto ha ido apareciendo y desapareciendo de la escena académica y política. Hasta tal punto es su intermitencia que el nuevo primer ministro italiano, Mario Monti —tuvo a Tobin de profesor en la Universidad de Yale—, lo ha comparado con el monstruo del lago Ness. En los últimos meses la idea de aplicar la tasa, conocida también como impuesto Robin Hood, ha vuelto a cobrar actualidad. Un grupo de países liderados por Francia y Alemania desea aplicar este gravamen con un doble objetivo: reducir el riesgo sistémico de los mercados financieros, cuyo crecimiento exponencial amenaza con su atrofia, y reforzar las maltrechas arcas públicas haciendo pagar a aquellos a los que se identifica como causantes de la crisis (bancos, hedge funds…).

Primero se llevó al G-20, pero entre las mayores economías del planeta no se logró la unanimidad. Más tarde se ha intentado imponer en los 27 países de la UE, pero la resistencia de algunos, con Reino Unido a la cabeza, aleja esta posibilidad. La falta de apoyo no amilana a París y Berlín, que quieren imponer la tasa en los 17 países de la zona euro. De momento, el dúo Merkozy ya ha logrado la adhesión de Monti y Mariano Rajoy, entre otros líderes.

Francia ha anunciado que espera aplicar desde agosto su propia tasa que gravará las acciones negociadas en la Bolsa de París, los seguros contra impago de deuda soberana (CDS) y las órdenes automáticas lanzadas por ordenadores (High Frequency Trading). El primer ministro francés, François Fillon, ha reiterado que quiere ponerlo en práctica antes de lograr un acuerdo con otros socios europeos, porque “el proceso es lento y hay resistencias”. Esta postura desafía el argumento de que esta tasa solo podría imponerse a escala global.

Reino Unido, Irlanda y otros 27 países tienen en vigor esta tasa

Las ONG y el llamado movimiento antiglobalización mantuvieron esta reivindicación, tachada de utópica, durante décadas. Son los primeros sorprendidos. “Esta ha dejado de ser una idea defendida solo por algunas organizaciones de la sociedad civil para convertirse en un asunto de primer nivel en las agendas políticas”, afirma Susana Ruiz, portavoz española de la Alianza por la Tasa Robin Hood, una plataforma global que integra a 400 organizaciones, entre ellas Intermón Oxfam, Save the Children y Greenpeace. “Los excesos de parte del sector financiero están en el origen de esta crisis, que se traduce en hambre y desprotección para millones de personas. Hasta el FMI reconoce que es un sector insuficientemente gravado y poco regulado. Es lógico que en un contexto de austeridad fiscal, las medidas no vayan solo destinadas a los ciudadanos”, concluye Ruiz.

La tasa Tobin es una medida que genera un intenso debate, con adhesiones y rechazos casi inquebrantables. Unos lo ven como una medida justa para frenar el apetito de los tiburones financieros y construir un mercado menos volátil; otros piensan que lo único que haría es incrementar los costes para el inversor final; los hay que creen que su éxito solo lo garantizaría una aplicación global; incluso hay un grupo de economistas que ven este debate como una especie de tinta de calamar, es decir, con la que está cayendo no es una prioridad y solo responde a necesidades electorales de determinados políticos.

“Lanzar el debate sobre la tasa Tobin ahora es un error”, afirma Santiago Carbó, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Granada. “Los políticos deberían centrarse en lo realmente urgente, es decir, en cómo solucionar la crisis de deuda soberana, y no pensar tanto en un impuesto de este tipo o en prohibir las apuestas bajistas en Bolsa”. Carbó considera que el enfoque actual es equivocado. “Estoy de acuerdo con que el sector financiero debe de contribuir a su rescate. Pero existen otras fórmulas. Europa no puede aplicar este gravamen de forma lineal para todas las operaciones, sean estas especulativas o no. Tampoco tiene sentido que se haga de forma unilateral porque los inversores encontrarán la vía para eludir el impuesto utilizando otros mercados que no impongan la tasa”.

“Lo ideal es que se aplicase de una forma global”, dice un gestor de fondos

Las operaciones financieras suelen tributar sobre las plusvalías generadas, además de los costes por comisiones que llevan aparejadas. Sin embargo, mientras los consumidores que compran bienes y servicios pagan impuestos indirectos (IVA y otros tributos) en el caso de los mercados los agentes pueden realizar transacciones de cualquier tamaño sin estar sometidos a ninguna tributación. Los partidarios del impuesto Robin Hood creen que esto es una anomalía a solucionar.

“El sistema financiero se ha vuelto demasiado grande, complejo e hiperactivo en relación con la función social que cumple”, señala Carlos Arenillas, exvicepresidente de la CNMV. El volumen de operaciones financieras ha pasado de ser 25 veces el PIB mundial a mediados de los noventa, a representar hoy 70 veces la riqueza del planeta. Arenillas opina que imponer esta lograría dos efectos: reducir las transacciones más especulativas, como las que escupen por miles inversores-robots cada segundo, y proporcionar ingresos a las cuentas públicas.

Arenillas preside Equilibria, una gestora de fondos de inversión libre (hedge funds). En teoría estos fondos son muy activos y un impuesto por operar en Bolsa perjudicaría su negocio, pero este experto es un firme defensor de la iniciativa. “Lo ideal es que esta tasa se aplicase de la forma más global posible. A pesar de la falta de acuerdo en el G-20 no creo que sea un mal momento para aplicarla en Europa. Si solo nos fiamos del sector financiero, su potente lobby siempre va a decir que no es el mejor momento”, subraya.

La tarea de consensuar una tasa global de este tipo parece titánica. Sin embargo, algunos países tienen un doble lenguaje en este sentido. En Reino Unido, por ejemplo, existe ya un pequeño impuesto sobre las transacciones financieras (stamp duty). En total, 29 países cuentan con tasas similares, entre ellos Brasil, China, India, Irlanda, Japón o Rusia. Aún se desconocen los detalles de cómo sería la tasa Tobin que promoverían Francia y Alemania para la zona euro. Sin embargo, las líneas maestras probablemente quedaron esbozadas el 28 de septiembre de 2011 cuando la Comisión Europea presentó su propuesta de un impuesto para toda la UE para 2014 aplicable a todas las operaciones con instrumentos de inversión entre instituciones financieras cuando al menos una de las dos partes tuviera su sede en la UE. Afectaría al 85% de las transacciones entre instituciones, mientras que los ciudadanos no serían objeto de la tasa, ya que quedarían exentos del gravamen productos y servicios como las hipotecas, los préstamos bancarios, los seguros “y otras actividades financieras normales llevadas a cabo por los individuos y los pequeños negocios”.

El volumen de operaciones es 70 veces la riqueza del planeta

La compraventa de acciones y bonos tributaría a un tipo del 0,1% sobre el volumen negociado, mientras que la tasa para los productos derivados sería del 0,01%. Es decir, que si un banco vendiese acciones de un hedge fund por 100.000 euros cada uno debería pagar 100 euros en impuestos por la operación, mientras que si una empresa productora de bienes de equipo adquiriese un futuro valorado en 100.000 euros para cubrirse ante los vaivenes de las divisas el coste sería de 10 euros.

Los cálculos de la Comisión señalan que así se recaudarían 57.000 millones anuales. El Ejecutivo que preside Durão Barroso destacó en su momento que una tasa de este tipo tiene el apoyo del 65% de los ciudadanos, según el Eurobarómetro, y que el dinero obtenido se repartiría entre la UE y los países miembros. “La decisión de proponer este impuesto se basa en dos razones. En primer lugar, asegurar que el sector financiero contribuye en un momento de consolidación fiscal. En segundo término, crear un entorno más coordinado en materia impositiva dentro de la UE que reforzaría el mercado único comunitario”, según Bruselas.

Frente a las previsiones de recaudación de la Comisión, otros estudios señalan que imponer un impuesto a las operaciones bursátiles tendría un impacto negativo en la economía mucho mayor. A principios de enero, por ejemplo, Ernst & Young (E&Y) señaló que podría dejar un agujero de 116.000 millones de euros. Sus expertos creen que las previsiones de Bruselas son demasiado optimistas y no tienen en cuenta la previsible caída en el volumen de negociación bursátil que tendría un tributo de este tipo, además de la caída en la recaudación de otros impuestos por la menor actividad financiera en la zona.

“La iniciativa liderada por Sarkozy es humo de pajas, una manera de desviar la atención sobre la mala gestión de la crisis en Europa y un señuelo electoral para los próximos comicios presidenciales”, reflexiona Antón Costas, catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona. “Estoy a favor de darle una mayor estabilidad al sistema financiero, pero no estoy seguro de que la mejor manera de hacerlo sea a través de un nuevo tributo. Para lograr esta estabilidad es más efectivo promover una regulación mejor. Un impuesto, al final, no es más que una vía para recaudar dinero”, añade Costas.

La Fundación Ideas, próxima al Partido Socialista, publicó en mayo de 2010 el estudio Impuestos para frenar la especulación financiera, en el que apoya la creación de impuestos sobre las instituciones y los mercados financieros. La potencial capacidad recaudatoria en España, según el informe sería de entre 180 y 1.980 millones en impuestos sobre las plusvalías financieras a corto plazo, entre 2.820 y 5.120 millones en tasas sobre activos bancarios, y entre 1.600 y 6.300 millones en el caso de las transacciones financieras.

Según la Comisión Europea, se recaudarían 57.000 millones anuales

“Esta tasa lograría reducir la volatilidad de los mercados. El valor de las transacciones financieras se ha disparado. Hay muchas operaciones que no están ligadas con la economía productiva y que convendría reducir”, comenta Carlos Mulas, director general de la Fundación Ideas. Comparte la idea de que un impuesto de este tipo debería aplicarse de la forma más global posible, pero tampoco teme que se aplique solo en la zona euro. “Los capitales no van a un sitio solo por los impuestos. Se valoran también otras cosas como la seguridad y el atractivo de las economías. Si Londres no se une al proyecto lo que habrá es una mayor competencia con otros centros financieros como Fráncfort. Y, para determinadas operaciones, muchos inversores optarán por la zona euro para evitar el riesgo de tipo de cambio”.

En 2001, poco antes de su muerte, James Tobin concedió una entrevista a Der Spiegel. Se quejaba de que el movimiento antiglobalización había abusado de su nombre al apropiarse en su lucha contra el capitalismo de una tasa que él había propuesto para equilibrar el mercado de divisas. “Yo soy economista y, como la mayoría de los economistas, partidario del libre comercio. Además, estoy a favor del FMI y del Banco Mundial”. Cuando el periodista le preguntó si su tasa sería realidad algún día, Tobin fue categórico: “No hay ninguna oportunidad, me temo. La gente que decide en el mundo financiero internacional están en contra”. La crisis actual ha roto muchos dogmas. ¿Será la implantación de esta tasa hasta ahora utópica otro de ellos? <CW-1>Los partidarios de imponer una tasa a las transacciones financieras ponen como ejemplo de la utilidad que tendría este tributo su impacto en el <CF1005>High Frequency Trading </CF>(HFT). La negociación de alta frecuencia la ejecutan potentísimos ordenadores basados en programas algorítmicos. Las máquinas son capaces de ejecutar hasta 40.000 operaciones en el tiempo que el ser humano tarda en parpadear. Muchos expertos consideran que su proliferación supone un claro riesgo de colapso para el sistema financiero y acusan a los inversores que utilizan esta estrategia de no aportar ningún efecto beneficioso a la economía real.
Pistoleros a sueldo en el parqué

En 2005, el HFT suponía menos de un quinto de la negociación del mercado estadounidense de renta variable por volumen. En 2010 ya representaba el 56%, según la consultora Tabb Group. En Europa, el auge también es frenético: han pasado de suponer una parte insignificante del mercado a protagonizar el 35% de las operaciones.

Las máquinas solo están interesadas en la velocidad. El beneficio se lo lleva el más rápido, el que antes apriete el gatillo. En cada operación no aspiran a ganar grandes sumas. Se conforman con 0,001 euros por movimiento. Pero si sus programas están en lo cierto y son capaces de identificar antes que los demás ineficiencias en la formación de precios de los activos o patrones de comportamiento que se repiten en los mercados pueden ganar cientos de millones, ya que realizan miles de operaciones en cada sesión. Los defensores del HFT argumentan que sirve para mejorar la liquidez de la Bolsa, sus críticos señalan que el abuso de estas operaciones está detrás de la elevada volatilidad del mercado. Un impuesto tendría el mismo efecto que situar un radar en cada kilómetro de un circuito de fórmula 1.

Voto con chourizo

El voto de la discordia huele a chorizo
La Junta Electoral deberá dirimir si un voto para el PP emitido en Val do Dubra que incluía dos lonchas de chorizo es válido

Entre las campañas puestas de moda en las últimas elecciones, está la del «voto con chorizo». No le falta ni grupo en facebook. En Portomeiro, la parroquia más pequeña de Bembibre, en Val do Dubra (A Coruña), dos sufragios, para el Congreso y para el Senado, incluyeron lonchas. A pesar de ello, el PP local luchó para dar el sufragio del Congreso por válido. Ahora el BNG reclama a la Junta Electoral.

C. VILLAR – SANTIAGO El día 20 de noviembre, 157 vecinos de la parroquia de Portomeira acudieron a votar. 103 lo hicieron por el PP. Pero el cómputo puede variar si la Junta Electoral decide que uno de sus votos no es válido. Porque uno de esos vecinos introdujo la papeleta de los populares tanto al Congreso como al Senado con un regalo: dos lonchas de chorizo que, como afirman los habitantes de Bembibre, «ni siquiera era casero; era una loncha industrial, de esos de Revilla». Aunque en un primer momento la mesa electoral decidió que había que dar por nulo el sufragio para el Congreso, el interventor del PP reclamó y, tras una votación de la mesa, que en última instancia puede decidir sobre qué sufragios son validados y cuáles no, logró que se sumase a los que ya contabilizaban. No obstante, el presidente de la mesa no aceptó la misma solución para el sufragio del Senado porque, afirma, «las lonchas de chorizo, que eran dos y finitas, como las del Congreso, estaban sobre los nombres marcados y las marcas se habían disuelto con la grasa».
Aceptar el voto al Congreso, no obstante, no le gustó al BNG, que ayer presentó alegaciones al recuento. Como explica Antonio Negreira, portavoz de los nacionalistas en Val do Dubra, «no es nada del otro mundo, pero en esa mesa el PP tiene mayoría por mucho y se pone a discutir por uno». Para Negreira, quien añade que el voto se aceptó por la «insistencia» del interventor del PP y del representante del concello, el que hubiera una loncha de chorizo dentro del sobre que incluía las papeletas del PP tiene un significado: «Lo interpreto como un insulto al PP. Yo no querría ese voto». Lo mismo cree José Antonio Varela, apoderado del BNG en la mesa, quien se «sorprende de que lo quieran dar por válido» a pesar de cómo alude al PP.
Óscar del Río, presidente del Comité local del PP, no lo ve como un agravio, sino que se inclina más por interpretarlo como «una broma» «no significativa». Del Río quita «importancia al suceso» y da por hecho que la Junta Electoral dará el voto por nulo, lo que no cambia el hecho de que los votos para su formación aumentaran en el concello de 1.459 a 1.622. Mientras, algunos habitantes de Bembibre se preguntan en qué estado llegarán las papeletas al organismo encargado de velar por la transparencia del proceso electoral y sugieren bromeando que el fiambre necesita frío.
Queda por saber si la persona que emitió el sufragio lo hizo motivada por alguna campaña, en muchos casos invitando al voto nulo a través de las redes sociales, de las que se pusieron de moda ya en las elecciones municipales y autonómicas dle pasado mayo.

¿Qué hay de lo mío?

 

Rajoy tendrá que hacer frente a las exigencias de medios y opinadores de la extrema derecha que tanto le han ayudado
José María Izquierdo 17 NOV 2011 – 20:57 CET10

María Dolores de Cospedal tiene claras todas las reformas que debe emprender el Partido Popular si por fin vence el 20-N. Y las enumeró en Toledo el 9 de octubre: laboral, fiscal, educativa y de la justicia. Todas ellas, dijo, “como instrumentos imprescindibles para el futuro del país”. Cuatro grandes reformas, pues, y por cada una de ellas uno o varios grupos de presión ávidos de cobrarse la pieza que hace tanto tiempo esperan. Sobrevolando a todos esos grupos, y en no pocas ocasiones codo con codo, que a veces cuesta saber cuál de ellos es el que manda y cuál el que obedece, unos medios de comunicación que llevan años apoyando a Mariano Rajoy y que esperan a que llegue el 21-N para cobrar tan valiosos servicios prestados. El posible futuro presidente lo sabe, porque lleva años navegando en tan comprometida compañía. Y ya se sabe los peligros que corre quien se encierra en el acuario con decenas de tiburones hambrientos.

Unos y otros van a intentar sacar todo el provecho del que creen ser justos acreedores. Y van a vigilar todos y cada uno de los primeros pasos que dé el Gobierno de Mariano Rajoy. Algunos incluso han fijado plazos como el eurodiputado Aleix Vidal-Quadras en un artículo en La Gaceta, el diario del Grupo Intereconomía del que es colaborador y tertuliano habitual: cien días. Ni uno más: “Varias serán las piedras de toque en los primeros cien días de la mayoría absoluta del PP que marcarán enseguida la tónica de los nuevos tiempos. La derogación de las leyes del aborto y del matrimonio homosexual, la supresión del Impuesto del Patrimonio recientemente resucitado, la descentralización de los convenios colectivos, la implantación de un contrato de trabajo único con condiciones de rescisión comparables a la media de la OCDE, la aprobación de medidas legislativas que permitan al Gobierno central controlar el gasto autonómico y la ilegalización de Bildu indicarán el nivel de compromiso y de decisión para poner a España en la senda de la recuperación”.

Claro que siempre los hay más impacientes. Carlos Dávila, La Gaceta, 31 de octubre: “Esta vez el programa hay que cumplirlo. Y además a toda prisa. Antes del 31 de diciembre, si Rajoy gana, debe atizar la pereza de todos los españoles con un porrazo monumental que acabe, sin dilación, con la pesadilla socialista”.

Vidal-Quadras ha sabido reunir en su artículo varias de las exigencias que le van a llover a Rajoy desde el primer día. Por ejemplo, el aborto y el matrimonio homosexual, dos leyes que el propio Rajoy llevó al Tribunal Constitucional y a las que se enfrentó con notable dureza. Pues a ver qué hacemos ahora, se pregunta, por ejemplo, esa jerarquía católica que tanto le apoyó en la calle y que llegó a compartir pancartas con muchos de sus dirigentes. “Es necesario tutelar el derecho de los españoles a ser tratados por la ley como esposo y esposa, en un matrimonio estable, que no quede a disposición de la voluntad de las partes ni, menos aún, de una sola de las partes. Son también peligrosos y nocivos para el bien común ordenamientos legales que no reconocen al matrimonio en su ser propio y específico, en cuanto unión firme de un varón y una mujer ordenada al bien de los esposos y de los hijos”, le recordaron al líder popular desde la Conferencia Episcopal el 20 de octubre.

En temas económicos, bueno estaría, por ejemplo, que en la reforma laboral no se atienda a las agrupaciones de empresarios, que tanto tiempo llevan esperando a que llegue la derecha para llevar a cabo esa reforma que ansían y que el PSOE solo ha atendido a medias. Ahora, con la situación económica en el punto en el que se encuentra y la derecha en el poder, la CEOE, la CEIM y otras organizaciones empresariales creen que será mucho más fácil traspasar esas líneas rojas en las contrataciones laborales que hasta ahora se habían respetado.

Basta para saber por dónde van a ir esas exigencias leer la propuesta —para su traslado “al próximo presidente del Gobierno”— de la patronal madrileña, presidida por un gran amigo de Esperanza Aguirre, el empresario hostelero Arturo Fernández, partidario de una “reforma brutal” y que este periódico publicó el 18 de octubre.

Un apretado resumen: copago sanitario y en dependencia, congelación de impuestos y “restringir el ejercicio de la huelga” en periodos especiales. Y, por supuesto, suprimir el Impuesto sobre el Patrimonio.

¿Y qué hacer con los sindicatos? Pues Rajoy ya lo sabe: acabar con ellos. Como le propone, también en La Gaceta, Juan Van-Halen, senador del PP, o los editorialistas del diario. Del primero: “A primeros de los ochenta, Margaret Thatcher planteó un pulso de renovación profunda al sindicalismo británico; y lo ganó. Los sindicatos no pueden seguir siendo una especie de ministerio externo en Gobiernos de izquierdas y de palancas de agitación cuando gobiernan otros. Una antigualla. La Thatcher lo tuvo claro”. Pues ya sabe Rajoy lo que debe hacer. De los segundos: “Confiemos en que Rajoy posea el aplomo suficiente para plantarles cara a socialistas, sindicatos e indignados y para, en definitiva, detener la helenificación de España”.

¿Y qué decir de la “imprescindible” reforma educativa? Por lo pronto, la Iglesia, como en el aborto o el matrimonio gay, presiona de lo lindo. Para ellos, la enseñanza de la religión y la moral católica en la escuela pública debe ser “una asignatura fundamental opcional”. Y, por supuesto, el Estado “debe evitar imposiciones ideológicas que lesionen el derecho de los padres a elegir la educación filosófica, moral y religiosa que deseen para sus hijos. En cambio, ha de ser facilitada la justa iniciativa social en este campo”.

Y ahí llegamos a Educación para la Ciudadanía, esa asignatura que tanto disgustó a Rajoy y que ahora, desde las trincheras más ultras, van a exigirle que cumpla lo prometido: retirarla. “El Partido Popular solo tiene una opción: cumplir sus compromisos y eliminar las asignaturas de EpC (Educación para la Ciudadanía). Sin ambigüedades, sin maquillajes, sin componendas. Por eso estoy convencido de que nos encaminamos hacia el final de una grave anomalía”. Esto es lo que escribe en Libertad Digital uno de los grandes ideólogos de la ultraderecha, que ha llevado el peso de la guerra contra esta asignatura, Jaime Urcelay, presidente de una fantasmagórica asociación llamada Profesionales por la Ética, que no es otra cosa que un reaccionario grupo de presión.

Mariano Rajoy va a tener que lidiar, también, con una de las exigencias más repetidas por algunos representantes de la extrema derecha mediática, desde Pedro José Ramírez a Federico Jiménez Losantos, conocidos como los conspiranoicos: el 11-M. Nadie mejor para explicarlo que un editorial de Libertad Digital, una de las publicaciones más destacadas en defender el complot universal: “Por mucho que las elecciones del próximo 20 de noviembre reviertan el cambio de Gobierno que se produjo aquel 14 de marzo sacudido por la matanza, nuestro afán por saber no se apagará hasta que conozcamos toda la verdad del 11-M”. Advertencia que ya se encargarán de hacer efectiva esos medios, El Mundo, Libertad Digital, etcétera, y esos investigadores: Luis del Pino, Peones negros…

Pero es sin duda en el tema de ETA y qué hacer tras el anuncio de la banda del cese de las acciones armadas donde se produce de manera más cruda esa presión de los medios ultras, siempre en connivencia con el ala más ultraderechista del PP que encabeza Jaime Mayor Oreja. Las reacciones a la primera valoración de Rajoy sobre el comunicado —“este anuncio se ha producido sin ningún tipo de concesión política”— le granjeó duros ataques desde editoriales en LD o artículos de opinión en El Mundo y otros. LD atiza primero al PSOE y al Gobierno, pero advierte al PP: “No se debe olvidar que son un Gobierno en su fase final y un partido derrotado por su incapacidad para hacer frente a los problemas de España los que impulsan la capitulación ante los terroristas. Eso debería ser suficiente para que el proceso quedara en papel mojado. Por otro lado, convendría que el PP emitiera signos inequívocos de que no piensa continuar la ruta marcada por el PSOE ni validar uno solo de los acuerdos a los que haya podido llegar el Gobierno con los terroristas y sus partidarios”.

Jiménez Losantos en El Mundo: “El discurso de albricias de Rajoy tras el comunicado etarra ha llevado la confusión a la opinión pública, empezando por los militantes del PP. ¿Cómo es posible que después de criticar la Conferencia de Paz, la legalización de Bildu, el caso Faisán y las complacencias de jueces y fiscales progres con el proceso de paz de Zapatero y Rubalcaba, Mariano Rajoy no ponga en solfa el supuesto anuncio del fin de la ETA, que de final no tiene nada?”. Y sugiere que Rajoy ha podido llegar a algún oscuro acuerdo con ese Gobierno traidor: “El PP se habría comprometido a continuar el camino socialista de cesiones y concesiones a la ETA que solo puede terminar con el troceamiento de España y el fin la democracia en el País Vasco y Navarra”. O Carlos Dávila, el director de La Gaceta: “Estamos contando que desde hace tiempo, poco, Zapatero y él mantienen acuerdos secretos, pactos entre el que se va y el que viene. Uno de ellos ¿es el de ETA? Deberían responder”.

Así que ante este posible panorama, al que hay que añadir la presión de las asociaciones de víctimas del terrorismo, donde siempre destaca el grito de Francisco Alcaraz, el hombre que mueve y al que mueven, Mariano Rajoy tiene problemas añadidos a la ya difícil tarea de rematar el proceso del fin de la banda. Advertencias: Carlos Esteban, La Gaceta: “No importa si ha habido concesiones o no; importa que no se cumplan (…) Previsiblemente, a partir del 20 de noviembre tendremos un Gobierno de otro signo que no solo no está obligado a respetar presuntos pactos, sino exactamente a lo contrario”. O Luis María Anson, muy claro, en El Mundo: “En la peligrosa crónica anunciada de tu victoria electoral, no puedes bajar la guardia ni olvidar que si los españoles te llevan a La Moncloa te exigirán que cumplas tus compromisos. Esperan de ti que inicies el proceso de deslegalización de Bildu, que no negocies políticamente con ETA, que impongas desde el Estado de derecho la disolución de la banda, la entrega de las armas, el reconocimiento de sus culpas. Y que los terroristas pidan perdón a sus víctimas”.

Y de ahí, ni un milímetro. Las líneas rojas las tiene Rajoy bien marcadas por sus más encendidos hinchas, que tanto le han dado para llegar a donde ha llegado. Veremos ahora, si es que finalmente gana, cuántas recompensas está dispuesto a conceder y hasta dónde piensa enfrentarse al vocerío de la ultraderecha y los grupos de presión que los sustentan. El enigma Rajoy.

José María Izquierdo es autor de Las mil frases de la derecha de la caverna (Aguilar).

O fascismo relixioso

 

La revista satírica francesa ‘Charlie Hebdo’ es atacada con un cóctel molotov

ENTREVISTA: PHILIPPE VAL Director del semanario satírico francés ‘Charlie Hebdo’
«Si se prohíbe criticar la religión, la democracia se hunde»

ISABEL LAFONT – Madrid – 23/05/2007

Ni Jesús, ni Buda ni Mahoma deben ser tabú para la sátira en una democracia. Philippe Val, director del semanario satírico francés Charlie Hebdo, reivindica el derecho a «mofarse» de todas las religiones en nombre de la libertad de expresión. Por eso, el 8 de febrero de 2006 decidió publicar la docena de caricaturas de Mahoma aparecidas unos meses antes en el diario danés Jyllands-Posten, que provocaron una cadena de ataques fundamentalistas contra las embajadas de Dinamarca en diversos países de Oriente Próximo. La portada de Charlie Hebdo fue más allá: un Mahoma salido del lápiz del caricaturista Cabu, principal accionista -con Val- del semanario, se lamentaba: «Es duro ser amado por gilipollas».

«Cuando la situación era más tensa recibí amenazas de muerte. Detuvieron a un salafista que me enviaba cartas anónimas»

«Creo que la independencia de los medios de comunicación depende de la personalidad de su director y sus periodistas»

Val fue denunciado por «injurias de carácter racista» por varias organizaciones islamistas. El juicio, que tuvo lugar el pasado febrero, acabó por exculpar a Charlie Hebdo. En una reciente visita a España para participar en un acto organizado por la Asociación Diálogo, que promueve el intercambio cultural entre Francia y España, Val conversó con El PAÍS sobre los límites de la libertad de prensa en un Estado laico y la independencia de los medios de comunicación en las democracias actuales.

Pregunta. ¿Ha ganado el juicio definitivamente? ¿Habrá una apelación?

Respuesta. Había varios demandantes. El principal, la Gran Mezquita de París, además de la Unión de Organizaciones Islamistas en Francia (UOIF), que son radicales, y la Liga Islámica Mundial, que son wahabíes, pagados por Arabia Saudí para islamizar en tierra cristiana. Son misioneros. Cuando ganamos, la Gran Mezquita de París, que está a las órdenes de las autoridades francesas y a favor de la integración en la vida publica, dijeron: «Estamos contentos». Esto es lo más importante, porque representan oficialmente a los musulmanes de Francia. Quienes recurren son la UOIF y la Liga Islámica Mundial. Lo más interesante es que los representantes de los musulmanes, por así decir, modernos, se han disociados de los radicales. El recurso es menos peligroso.

P. ¿Ha tenido miedo?

R. No me lo he planteado. He hecho lo que creía que debía hacer y he tenido protección policial cuando ha sido necesario. Desde hace seis meses creemos que la situación se ha calmado, pero cuando era más tensa recibí amenazas de muerte. Había un tipo que me quería asesinar. Un salafista que me enviaba cartas anónimas. Hace cuatro meses lo arrestaron, ha sido juzgado y condenado.

P. ¿Dónde está la frontera entre el respeto a las religiones y la censura, el tabú?

R. En Francia, el marco de la libertad de expresión es la Ley de Prensa 1881 -sobre ultraje, difamación, llamamiento al odio- y las modificaciones posteriores, como la ley contra el racismo y el antisemitismo. Son leyes que yo respeto y creo que son necesarias. En los noventa fui encausado -aunque gané los juicios- por cristianos integristas, católicos de extrema derecha, que me acusaron de racismo anticristiano y antifrancés. Al final, es lo mismo: con el pretexto de que criticamos la religión nos acusan de racismo.

P. ¿Por eso decidió publicar las caricaturas de Mahoma?

R. Criticar una religión no es racismo. Las democracias se han forjado siempre en la crítica de los dogmas religiosos… ¡Desde siempre, desde Galileo! ¡Hasta hoy en día hay que estar en contra de la Iglesia para poder realizar investigaciones con células madre! Si se prohíbe criticar las religiones, la democracia se hunde, sencillamente. Es el propio motor de la democracia. No es tanto la crítica a las religiones como serie de dogmas para sus creyentes como personas privadas, sino en la medida que la religión pretenda sustituir al legislador para organizar lo colectivo, las costumbres y el marco de la libertad de expresión. No es la religión quien lo debe hacer, sino el legislador elegido por sufragio universal.

P. ¿Le preocupa la proximidad del nuevo presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, a ciertos propietarios de medios de comunicación?

R. No es nada nuevo que Sarkozy tiene vínculos con empresarios que poseen medios de comunicación. Evidentemente, lo que se va a reforzar ahora, y es un verdadero problema para la libertad de expresión en Francia, es que no le hace falta decir explícitamente: «No quiero que se hable de esto». Yo pienso que hay un gran problema de independencia de la prensa en Francia, porque la mayoría de las cabeceras pertenecen a grupos industriales que reciben contratos del Estado. Y cuando un grupo que recibe contratos del Estado es propietario de un periódico, hay un problema. Creo que la independencia depende de la personalidad del director y de los periodistas del medio. Si no se puede establecer una relación de fuerza entre el propietario y el director… En Paris-Match [del grupo Lagardère] aparentemente no la han instaurado: su director, Alain Genestar, fue despedido por haber publicado la foto de Cecilia Sarkozy y su amante en Nueva York .

Senadores, Deputacións ... e agora o AVE.

 

 

Anulado el AVE Toledo-Albacete por tener 9 viajeros
Cada día se subían a esa línea directa sólo nueve viajeros de los 2.190 potenciales para ambos sentidos: «Un desastre»

S. R. A. / AGENCIAS MADRID / TOLEDO 28/06/2011 01:00 Actualizado: 28/06/2011 05:04

La única comunidad autónoma que tiene todas sus capitales unidas por AVE, Castilla-La Mancha, perderá la línea directa diaria que las conecta. Renfe ha decidido eliminar, a partir del 1 de julio, el AVE Toledo-Cuenca-Albacete (que pasa por Madrid) porque es inviable económicamente para la empresa pública por «demanda insuficiente».

Cada día se subían a esa línea directa sólo nueve viajeros de los 2.190 potenciales para ambos sentidos. «Un desastre», como lo definió ayer en una rueda de prensa en Toledo el director general del área de viajeros de Renfe, Enrique Urkijo, quien explicó la decisión. Traducido en dinero, a las arcas del Estado le costaba 18.000 euros cada día mantener el servicio desde que Renfe lo puso en marcha el pasado 19 de diciembre, lo que supone que más de 3 millones de euros de dinero público se han perdido en esta línea.

En cambio, el servicio Madrid-Toledo funciona «como un tiro», señaló Urkijo. Para compensar la anulación del Toledo-Albacete, Renfe ofrecerá billetes combinados a los viajeros que quieran seguir haciendo el viaje de la línea directa que ahora se anula, pero tendrán que hacer transbordo en Madrid desde Toledo (hasta ahora no hacía falta cambiar de tren). Además, Renfe aumentará de 11 a 13 las frecuencias del Avant que une Madrid y Toledo.

Crise Dupla en W

 

Tres años y dos billones de euros después, la crisis crece
El mundo económico aún sigue sin encontrar soluciones a la convulsión financiera iniciada por la quiebra de Lehman Brothers. La transfusión constante de capital a la banca mundial no ha tenido efecto en la economía real

MIGUEL ALBA / VIRGINIA ZAFRA MADRID 12/09/2011 08:00

Si existe un 11-S para la economía, ese parece la quiebra de Lehman Brothers. «Wall Street se desveló entonces como un castillo de naipes», asegura, en uno de sus estudios, Nouriel Roubini, el profesor de economía de la Universidad de Nueva York, famoso por anticipar la crisis. La onda expansiva de Lehman estuvo a punto de llevarse por delante en Estados Unidos a Goldman Sachs y Morgan Stanley, los otros dos gigantes financieros que se quedaron a centímetros de la tumba.

A este lado del Atlántico, el desplome de Lehman comenzó a desestabilizar las tripas de la mayoría de los gigantes bancos europeos. Días antes del 11-S económico, el 14-S de 2008, el Banco Central Europeo recogía la exposición europea a las hipotecas subprime norteamericanas: 176.000 millones de euros. «Aquellos días parecían el Apocalipsis. La economía se llenó de muchas preguntas, demasiadas dudas, un pánico feroz y escasas soluciones», recuerda Alejandro Inurrieta, economista jefe del Instituto de Estudios Bursátiles.

La reformulación del capitalismo se quedó en una idea: salvar la banca

El Gobierno Bush y la Unión Europea optaron por salvar al sistema financiero como vía de escape de la economía mundial. Nacionalizaciones, inyecciones parciales de liquidez, aumento de las dotaciones de los fondos de garantía de depósitos, avales en las garantías de los préstamos interbancarios… «En eso quedó la famosa reformulación del capitalismo de la que tanto se habló. Ayudas al sistema financiero mientras se dejaba cada vez más de lado la economía real», señala Juan Antonio Maroto, catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Complutense de Madrid.

La factura ha consumido ya en Estados Unidos y Europa un total de 1,99 billones de euros, el doble del PIB anual español, en ayudas estatales a bancos sobrevalorados por su marca, pero con sus activos en caída libre. En Estados Unidos, la Universidad de Harvard se mostró muy crítica con el sobreprecio (254.000 millones de dólares) que pagó la Reserva Federal en la compra de bonos y acciones bancarias que el mercado había depreciado ya a 176.000 millones.

En paralelo, tanto la Reserva Federal norteamericana como el Banco Central Europeo no han parado de inyectar liquidez al sistema interbancario para evitar el colapso. 2,5 billones de euros en el caso de la Fed; medio billón, por parte del organismo que dirige Jean-Claude Trichet. Pero la foto del mundo económico no ha cambiado en exceso. Incluso se ha difuminado aún más. ¿De qué ha servido entonces salvar la banca mundial a costa del dinero de los contribuyentes? ¿Era la única salida posible ante la quiebra de Lehman Brothers?

«Lehman no ha ayudado a mejorar la gestión de la banca», dice Carbó

«Los gobiernos decidieron reafirmar los principios del capitalismo financiero. Pensaron que al insuflarles capital iban a seguir encontrando la misma rentabilidad de siempre olvidándose de la solvencia de las entidades», insiste Maroto. «Fue una huida hacia adelante que se ha demostrado que no ha servido para nada», asevera el catedrático de la Universidad Complutense.
1,35 billones en Europa

Según las ayudas aprobadas por la Comisión Europea, la UE ha empleado ya 1,35 billones de euros (el 11% de su PIB) en salvar la banca. Entre las entidades con mayor apoyo público destacan Royal Bank of Scotland y Lloyd’s, que cuentan con 52.609 y 23.165 millones de euros de capital del bueno (Tier 1)de procedencia estatal. «Las ayudas que se han dado desde la caída de Lehman sirvieron para parar la sangría. En caso contrario, las pérdidas hubieran sido más cuantiosas. Pero no ha servido para sanear ni para imponer nuevos y mejores principios de gestión de la banca», confirma Santiago Carbó, catedrático de la Universidad de Granada.

Alemania estudia inyectar capital a los bancos afectados por Grecia

Tanto Europa como Estados Unidos se han quedado a medias en las exigencias a las entidades rescatadas. Sólo en Islandia, a la restricción de elevados salarios y exacerbados bonus para los directivos, transparencia absoluta en la nueva gestión, obligación de devolver los préstamos a unos determinados tipos de interés, que oscilan del 7 al 9% según el país, y más exigencias de solvencia, se ha unido la responsabilidad penal de los directivos ante su mala praxis.

En Europa, las nuevas exigencias de solvencia de Basilea III, que exigen a las entidades contar con un Tier 1 del 7%, se dilatan hasta 2019. Un calendario que el Banco de España ha adelantado a marzo de 2012. Entonces, todas las entidades que coticen o tengan más de un 20% de inversores privados deberán tener un capital principal del 8%. En el caso de los bancos y cajas que no cumplan con ninguna de esas dos exigencias, deberán tener un 10%.

El debate de la solvencia, tan elevado el pasado julio con la publicación de los test de estrés a la banca europea, ha quedado pospuesto. «Ahora lo importante es sobrevivir en la tormenta perfecta que se nos avecina», explican desde un banco de caja, que el pasado jueves entregó la última versión de su plan de recapitalización al Banco de España.

Shiller (Yale): «Laquiebra de Greciasería más agresivaque Lehman»

La crisis de deuda soberana, el castigo continuado a los valores financieros en las bolsas y, sobre todo, la posibilidad de un impago de Grecia, a pesar de que el Ejecutivo de Yorgos Papandreu ha presentado un nuevo plan de recortes para convencer a sus socios de la liberación del segundo tramo del rescate, obliga a un nuevo plan B para la banca mundial. «Grecia podría llegar a destruir el sistema financiero mundial de forma mucho más agresiva de lo que lo hizo la quiebra de Lehman Brothers», advierte en una de sus cátedras Robert Shiller, economista y profesor de Yale.

Para evitarlo, Europa diseña fórmulas para salvar a la banca ante la eventual caída de Grecia. Mientras, España, Italia y Francia impulsan la creación de un mecanismo para recapitalizar de forma coordinada todas las grandes entidades, y Alemania, con el acuerdo de Holanda y Finlandia, ya ha presentado su plan a la Comisión Europea. Según el semanario Der Spiegel, la opción teutona contempla dos instrumentos. Por una parte, se abrirían líneas de crédito preventivas a los países con problemas, que podrían usarlas si no logran capital en los mercados financieros. Por otro lado, se inyectaría capital a los bancos afectados por la insolvencia griega para estabilizarlos.

Las cuentas del FMI, matizadas el sábado por su directora gerente Christine Lagarde, hablan de 200.000 millones de euros para recapitalizar a los bancos europeos. En Bruselas, aún no se detallan cifras. La factura de Lehman sigue acumulando ceros.

O Grande Roubo

El gran saqueo

La composición del paro en España multiplica la pobreza y la desigualdad. Los pobres son cada vez más pobres porque han perdido bienestar y los sectores más afectados por la crisis son los más vulnerables al desempleo

JOAQUÍN ESTEFANÍA 09/05/2011

Por más que venda libros y se multipliquen los programas de televisión que amparan el «pensamiento positivo» (en realidad, pensamiento mágico), es muy difícil observar la crisis económica como una opción superadora. La «destrucción creativa» lo será para los que sobrevivan, no para los millones de ciudadanos que van quedando por el camino. Lo cuenta la periodista Bárbara Ehrenreich, en su estupendo libro Sonríe o muere: hay gente «a la que habían echado del trabajo y que se dirigía cuesta abajo y sin frenos hacia la pobreza, a la que se decía que debía ver su situación como una oportunidad (…) La persona que pensaba en positivo no solo se sentiría mejor mientras buscaba trabajo, sino que para ella ese trámite acabaría antes y más felizmente».

Las políticas públicas no se están adecuando a la nueva situación ni a sus riesgos

La recuperación no implica, por sí misma, una mejora inmediata de la distribución

Esta descripción es contraria a la realidad. Empiezan a aparecer datos en España que permiten conocer las primeras huellas profundas de la Gran Recesión en los hogares, en términos de pobreza y de distribución de la renta. Este primer balance no es precisamente favorable para una buena parte de los ciudadanos españoles: a diferencia de otros momentos de crisis en los 30 años largos de democracia española, ahora hay más desigualdad porque los pobres son más pobres porque están perdiendo bienestar; los sectores más afectados son los más vulnerables al desempleo (y no los pensionistas y la gente mayor), dado que la composición del mercado de trabajo es clave para interpretar lo que está sucediendo. Y, lo que es peor, las políticas públicas no se adecuan a la nueva situación ni a los riesgos que ello implica.

Existen al menos dos trabajos que han analizado esta recomposición social en España, a la luz de varios fenómenos concatenados: la entrada exponencial y compulsiva de inmigrantes en la última década, atraídos por las posibilidades de trabajo y las condiciones de vida; sus expectativas limitadas por el estallido de la burbuja inmobiliaria, que había sido parte sustancial del modelo de crecimiento; y definitivamente truncadas -las expectativas de los inmigrantes y de una buena parte de la población activa autóctona- por la gran crisis económica en la que estamos instalados. Estos dos trabajos de la Fundación Alternativas son el Informe sobre la Democracia en España (IDE-2011), de próxima aparición, en el que los investigadores del equipo del profesor Ruiz-Huerta han profundizado en estos asuntos, y el texto titulado Pobreza y privación material en España en el periodo 2004-2008: del auge económico al inicio de la recesión, de la profesora Rosa Martínez.

Para entender lo ocurrido en España en las tres décadas largas de democracia, estas se pueden dividir en cinco etapas. La primera fase está representada por el largo periodo de estancamiento desde el inicio de la crisis del petróleo hasta la mitad de los años ochenta. Básicamente el periodo en que gobernó UCD y algo el PSOE. Entonces no hubo un empeoramiento de la desigualdad y de la pobreza, que incluso mejoraron levemente. La intensa destrucción del empleo y el tránsito de tasas de paro inferiores al 5% a registros superiores al 20% no se tradujeron en desigualdad y pobreza porque crecieron las remuneraciones, en un periodo altamente inflacionista, y porque se desarrollaron algunos de los componentes del Estado de bienestar al amparo del proceso democrático.

La segunda fase dura desde la mitad de los ochenta hasta el primer tercio de los noventa. Corresponde a los Gobiernos de Felipe González. En una coyuntura en la que la mayoría de los países de la OCDE, subordinados a la revolución conservadora -especialmente Estados Unidos y Reino Unido- registran espectaculares aumentos de la desigualdad, esta se reduce en España. ¿Causas?, la recuperación del empleo, aunque no se lograra reducir significativamente la tasa de paro y buena parte de los puestos de trabajo se sustentaran en el aumento de la temporalidad; y el incremento del gasto redistributivo con la puesta en marcha de nuevas prestaciones sociales y el fortalecimiento de programas que ya existían.

La tercera fase es el trienio recesivo 1992-1994, también con los socialistas en el poder. Breve pero intenso proceso de estancamiento, con tasas negativas de crecimiento del PIB. El paro aumentó 10 puntos (desde el 15% al 25%), y hubo un fuerte crecimiento de los indicadores de pobreza y desigualdad, rompiendo la tendencia de las décadas anteriores.

La cuarta fase va desde 1995 hasta el inicio de la actual crisis, en el verano de 2007. Final de los Ejecutivos socialistas, las dos legislaturas de Aznar y los primeros años de Zapatero. La prolongada etapa de crecimiento no compensa los aumentos de pobreza y de desigualdad del trienio anterior: un gran número de los puestos de trabajo creados son de bajos salarios y en buena medida temporales; hay un aumento muy moderado, durante los primeros años, del gasto social, con un cierto distanciamiento respecto a los niveles medios de la UE; pérdida de la capacidad distributiva de la imposición sobre la renta y disminución del efecto redistributivo de las prestaciones sociales monetarias debido al aumento del número de beneficiarios y al distanciamiento de las cuantías respecto a los niveles medios de renta, etcétera.

La fase actual de recesión y estancamiento tiene sus propias peculiaridades negativas. La más importante de ellas es el rápido crecimiento de la tasa de paro en los sustentadores principales de los hogares (al antiguo «padre de familia») que asciende casi a un millón de personas. En anteriores crisis, los efectos negativos del desempleo de jóvenes y cónyuges se compensan con el empleo de los sustentadores principales y el sistema de protección del paro, que evitaron un intenso aumento tanto de la desigualdad y de la pobreza como de las tensiones sociales. En este contexto de crisis, el paro de los sustentadores principales ha crecido más y de forma más veloz que en cualquier otro momento de la historia. Igualmente revelador en este cambio sociológico es el número de hogares en los que todos los activos se encuentran desempleados (también más de un millón). Por último, es significativo observar el incremento de hogares que no reciben ni ingresos de trabajo, ni del sistema de pensiones, ni prestaciones por desempleo (por ser sus integrantes parados de larga duración); es una población cuyo único recurso es el acceso a los sistemas autonómicos de rentas mínimas, dada la reciente eliminación del programa temporal de prestación por desempleo e inserción.

Conclusión: el volumen de paro y su composición son la manifestación más tangible del empeoramiento de los indicadores sobre el estado de la distribución de la renta en relación con objetivos razonables de equidad. Aunque la crisis ha afectado a todos, la capacidad de defensa y recuperación es muy diferente según el lugar que cada cual ocupa en la distribución de la renta. Ha aumentado el riesgo de pobreza entre los parados, aunque ha mejorado ese mismo índice entre los pensionistas.

Dos notas finales: a pesar de los esfuerzos realizados desde las políticas públicas, la insuficiencia de medidas de protección al desempleo, la falta de articulación de las rentas mínimas autonómicas y las restricciones financieras de las Administraciones públicas suscitan serios interrogantes sobre el peligro de inestabilidad social. Por último, los analistas advierten contra un espejismo: la recuperación económica, a la luz de la experiencia, no implica una mejora inmediata de las variables distributivas, dada la segmentación del mercado de trabajo y la precariedad de muchos de los empleos creados.

Joaquín Estefanía es el director del Informe sobre la Democracia en España, de la Fundación Alternativas.

Despois da Utopía

Sin Permiso

Antoni Domènech y Daniel Raventós, colaboradores habituales en distintos proyectos académicos, editoriales y políticos, son dos voces clave en la crítica de las ciencias sociales contemporáneas. Raventós –profesor titular en la Facultad de Economía de la Universidad de Barcelona, presidente de la Red Renta Básica y miembro del Consejo Asesor de ATTAC– es conocido particularmente por sus trabajos en torno a la renta ciudadana universal. Domènech, catedrático de Filosofía de las Ciencias Sociales en la Universidad de Barcelona, es uno de los más importantes filósofos políticos de nuestro país. Ambos son fundadores de la revista Sin Permiso.
Utopía y catástrofe

Domènech: La historia de las utopías modernas muestra que estas suelen aparecer en momentos catastróficos, de derrota. Sin ir más lejos, la Utopía de Tomás Moro es en buena medida una reacción al desastre de la conquista de América: Rafael Hytlodeo es un portugués que le cuenta a Moro lo felices que vivían los indios hasta la llegada de los invasores. Además, el primer libro de la Utopía de Moro analiza con mucho detalle la catástrofe que supuso la destrucción de los bienes comunes en la Inglaterra de comienzos del siglo XVI. Del mismo modo, el llamado “socialismo utópico” es una reacción a la contrarrevolución, a la catástrofe política que supuso para los movimientos populares la derrota de Robespierre. Precisamente, la eclosión del socialismo no utópico, el marxismo y el anarquismo, se produce cuando el movimiento obrero retoma la iniciativa. En ocasiones, las utopías pueden proponer reflexiones interesantes, críticas y lúcidas, como es el caso de William Morris o Diderot, pero a menudo resultan muy reaccionarias. Por supuesto, no hay nada más despótico que la República de Platón. Pero también, a pesar de lo que a menudo se dice, Tomás Moro era profundamente conservador. En Utopía había esclavos públicos, muchos de ellos emigrantes pobres que se esclavizan voluntariamente, un patrioterismo feroz… En general, la utopía se asocia a una derrota mal aceptada, a una huida de la realidad que tiene un componente autoritario. Las utopías suelen estar más preocupadas por la armonía y la felicidad que por la libertad, al contrario que los movimientos revolucionarios reales.

Neoliberalismo y utopía

Raventós: Si pervive una utopía particularmente poderosa, esa es la liberal. De todo el programa neoliberal que se puso en marcha hace unos treinta años no se ha cumplido prácticamente nada; por eso es, en sentido estricto, una utopía reaccionaria, que logró convencer en un momento determinado a buena parte de la sociedad gracias a un aparato de propaganda muy eficaz. ¿Cuánta izquierda no se ha dejado seducir por las grandes proclamas neoliberales? Por ejemplo, nunca se llevó a cabo ninguna reconversión industrial tan brutal como la que pusieron en marcha los gobiernos de Felipe González.

Es importante no subestimar la impresionante elocuencia y capacidad de militancia de algunos neoliberales para resucitar una teoría que después de la Segunda Guerra Mundial había quedado arrinconada por el keynesianismo. John Kenneth Galbraith en su Historia de la economía, que escribe en el momento en que Reagan gana sus primeras elecciones, se muestra perplejo del retorno de lo que él llama la “economía neoclásica”. Pero también es cierto que este proceso implicó una estrategia deliberada de manipulación en la que desempeñaron un papel protagonista los medios de comunicación. La destrucción de los sindicatos y el tejido social en beneficio de la mercantilización generalizada requiere una intervención administrativa a enorme escala que, cuando la resistencia es muy fuerte, se convierte en una liberalización manu militari, como sucedió en Chile y en Argentina. Precisamente hace poco acaban de detener en Argentina por genocida a Martínez de la Hoz, el gran ministro neoliberal de economía de Videla, un auténtico “chico de Chicago”. También existen procesos de influencia directa, por decirlo así. La cantidad de dinero que se mueve en el mercadeo político de Washington o Bruselas es impresionante. El Tribunal Constitucional norteamericano ha permitido recientemente que las empresas de ese país den todo el dinero que les de la gana a los candidatos electorales, una decisión que muchos, desde el presidente Obama a Noam Chomsky, han considerado un golpe mortal a la democracia.

Domènech: El neoliberalismo puede considerarse una utopía en el sentido de que constituye una auténtica huida de la realidad. La idea de que la expansión de los mercados financieros ha supuesto un retroceso del Estado es sencillamente imaginaria. A estas alturas debería ser obvio que la crisis económica actual es en buena medida el resultado de una política activa de inflación de activos financieros e inmobiliarios por parte de la reserva federal estadounidense y los bancos centrales de muchos países. Y, tras el estallido de la burbuja, la intervención ha sido de nuevo masiva: la inyección de dinero del gobierno de Estados Unidos en la economía real ronda los cuatro billones de dólares, casi cuatro veces el producto interior bruto de España y, en dólares constantes, el mismo coste de la intervención estadounidense en la Segunda Guerra Mundial.

La desregulación de los mercados es un mal chiste. Lo que tenemos son unos mercados profundamente intervenidos en favor de los intereses de rentistas financieros e inmobiliarios en guerra pugnaz con el movimiento obrero organizado y, de un modo más descuidado, con el capital productivo real. La globalización es la venganza de los rentistas, que habían sido contenidos por las políticas reformistas keynesianas de la coalición antifascista de la Segunda Guerra Mundial. El problema es que las élites que nos gobiernan se han creído sus propias mentiras hasta tal punto que han dejado de entender cómo funciona el capitalismo real. Las cuatro semanas agónicas que vivió Grecia hasta que intervino el Banco Central Europeo fueron descabelladas. Cualquier persona que tuviera unas mínimas nociones de macroeconomía sabía que la quiebra de Grecia era inadmisible y que la manera de rescatar su economía pasaba por comprar deuda pública griega. Se tardó tanto en tomar esta decisión no sólo por intereses electorales regionales de la señora Merkel, sino porque la Comisión Europea y los ministros de finanzas europeos no acaban de entender cómo funciona el mundo. Es para acordarse del rey Lear: «Sino de nuestros tiempos es que los ciegos guíen a los locos».

La utopización sobrevenida

Domènech: En las últimas décadas hemos asistido a un desplazamiento hacia la derecha del centro de gravedad del sentido común político. A finales de los años sesenta, cuando estaba estudiando en Alemania, presencié un debate en la televisión pública entre Kurt Kiesinger y Willy Brandt. En determinado momento, Brandt acusó a Kiesinger de querer autorizar las televisiones privadas. Este último puso el grito en el cielo: la democracia cristiana jamás permitiría la existencia de televisiones privadas, dijo, eso sería la muerte de la democracia de la República Federal… Imaginaos lo que pasaría si alguien dijera hoy que las televisiones privadas son problemáticas, como poco se le acusaría de autoritarismo terminal. En aquello años existía un consenso en torno a unos puntos mínimos que hoy se ha roto. En la televisión pública de Cataluña, donde hay un gobierno de coalición de izquierdas, los tertulianos invitados oscilan entre la extrema derecha y el centro, el centro izquierda está sencillamente excluido. Las reformas más elementales y factibles, realizadas mil veces entre 1937 y 1975, ahora parecerían utópicas, irrealizables o peligrosamente totalitarias. Esto ha destruido ideológicamente a la izquierda. La tasa de sindicalización en todo el mundo ha bajado a menos de la mitad en treinta años. El movimiento popular ha sido desvertebrado, desorganizado y eso explica que tengamos una izquierda que, por un lado, parece utópica (porque cualquier cosa parece utópica) y, por otro, reacciona enquistándose sectariamente. Como explicó Rosa Luxemburgo, sin reforma no hay revolución. Y viceversa: para hacer buena reforma necesitas amenazar con algo. Necesitamos recuperar ese tipo de dialéctica.

Raventós:
No se trata sólo de cuestiones ideológicas. Las políticas públicas relacionadas con la redistribución de las rentas consideradas normales hace apenas tres décadas son hoy impensables. Durante los Treinta Gloriosos [1945-1973], los tipos impositivos para los más ricos llegaron a estar en el 91% en Estados Unidos. Las rentas superiores a los doscientos mil dólares tributaban –bajo un presidente de derechas como Eisenhower– al 93 %. Y eso ocurría en una época en la que no existían los instrumentos de evasión fiscal actuales. Estamos hablando de la época anterior a la ruptura de Nixon con Breton Woods en 1971, que desancló el dólar, levantó el control de los movimientos de capitales y permitió el retorno al capitalismo anterior a la Segunda Guerra Mundial. Hoy, a efectos prácticos, con los correspondientes y abundantes descuentos, la tributación de las grandes fortunas viene a rondar el 20% y, si son beneficios del capital, el 15%. Actualmente, en el Reino de España, las SICAV, cómodo y legalísimo refugio de las grandes fortunas, tributan al 1%. La normativa que permite semejante barbaridad se aprobó en España con todos los votos parlamentarios menos los de Izquierda Unida. Así que no es sólo que si hoy alguien propusiera recuperar las propuestas de la derecha norteamericana de los años sesenta sería tachado de demente bolchevique, sino que se oculta sistemáticamente esta realidad. Es impresionante el velo de silencio que ha cubierto este asunto.

Domènech: Hay que insistir en que la globalización no es un fenómeno nuevo relacionado con el multiculturalismo e Internet, sino el sistema social dominante hasta la Segunda Guerra Mundial. La reforma del capitalismo de Roosevelt y la izquierda burguesa consistió en una desmundialización de la economía que introdujo controles en los movimientos de capital, ese es el núcleo del keynesianismo. Sólo así fue posible la política socialdemócrata de la década de los cincuenta y sesenta, con unos sindicatos fuertes –capaces de obligar a la patronal a sentarse a negociar porque no podía mover los capitales a su antojo– y constituciones como la alemana o la italiana, que brindaron a los trabajadores derechos que hubieran parecido increíbles en los años veinte. Cuando desapareció la posibilidad de controlar los movimientos del capital se creó lo que Keynes llamaba un “parlamento virtual” donde los mercados financieros votan y su voto cuenta más que el de los parlamentos políticos. En ese contexto, que es el nuestro, el populismo de derechas puede arrasar, como está ocurriendo en Estados Unidos con el movimiento de los Tea Parties. El auge de esta nueva extrema derecha populista se explica por la impotencia de Obama frente a los mercados financieros. Y no hay que olvidar que los asesores económicos de Obama son el equipo de halcones que llevó a la destrucción la Rusia de Yeltsin.

No obstante, hay fenómenos que nos permiten no ser completamente pesimistas. Por ejemplo, tras la quiebra de la economía islandesa, el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea pusieron unas condiciones de rescate muy duras que el Parlamento de Islandia aceptó. Pero entonces hubo una gran manifestación de protesta exigiendo un referéndum. Se convocó el referéndum y las medidas fueron rechazadas por un 94% de los votantes. La sumisión al FMI no es la única opción. Por ejemplo, como ha propuesto Randall Wray, un país podría decir a sus deudores que les devolverá el dinero que les debe con títulos fiscales: no te puedo pagar lo que te debo, pero si inviertes en mi país, todos tus beneficios estarán exentos de impuestos. Lo impresionante es que estas medidas de sentido común quedan circunscritas a la discusión de pequeños círculos académicos. La vulgata es “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, “hay que apretarse el cinturón”… Auténticas idioteces. Yo suspendo a los estudiantes que dicen estas cosas y, sin embargo, es lo que los grandes “expertos” cuentan en todos los periódicos.

Alternativas

Domènech: Hay fenómenos poco visibles pero importantes que permiten imaginar transformaciones profundas perfectamente factibles. Por ejemplo, un parte significativa de la economía mundial funciona cooperativamente. Hay 800 millones de trabajadores que trabajan directamente o indirectamente en cooperativa, más del 10% de la población mundial. El trabajo asalariado es la minoría mayoritaria en el mundo, pero hay 1.600 millones de trabajadores no asalariados –entre cooperativistas, personas que trabajan en bienes comunales o en propiedades fundadas en el trabajo personal y esclavos–, y 1.000 millones de personas que simplemente están fuera de la economía mundial. El capitalismo no es, como creen los estructuralistas, una gran unidad funcional, sino una realidad histórica muy compleja.

En España tenemos un ejemplo paradigmático, como es la cooperativa Mondragón, la mayor del mundo, con más de 90.000 empleados. Los propietarios de esta empresa son los trabajadores. Hay empleados que no son propietarios, pero todos tienen la posibilidad de llegar a serlo, para ello tienen un banco propio que concede los créditos necesarios para convertirse en copropietario. De este modo, reciben dividendos, tienen voto en las asambleas, que funcionan democráticamente… El abanico salarial es de 5 o 6 a 1, pero son ratios que se pueden revisar en las asambleas. Es una realidad social económica que abundaría mucho más en Europa si no estuviera durísimamente castigada por las políticas económicas de los gobiernos. En el programa de un gobierno de izquierdas podría figurar el fomento de las cooperativas de trabajadores. No todo tiene por qué ser ayudas a las multinacionales…

Raventós:
Otra alternativa factible es la renta básica. La renta básica es posible dentro del marco capitalista, como lo fue en su momento la asistencia sanitaria universal. Los que creen que la renta básica es una medida que, de suyo, puede acabar con el capitalismo o bien no entienden cómo funciona el capitalismo o, en todo caso, dan una importancia a la renta básica que no tiene. Pero eso sí, con una renta básica el capitalismo sería muy diferente del que conocemos. No sólo porque cubriría las necesidades básicas y aseguraría el traspaso del umbral de la pobreza. Tan importante como la posible mejora en las condiciones materiales es el aumento del poder de negociación de los trabajadores que supondría. La renta básica, al menos en mi forma de entenderla, es una opción social y económica que supone la intervención del mercado. El mercado, contra lo que se acostumbra a suponer muy precipitadamente, siempre ha estado intervenido. La diferencia entre partidarios de los ricos y de los pobres, para decirlo de forma simplificada, no es que los primeros defiendan el mercado libre y los segundos quieran intervenirlo. La diferencia exacta es la siguiente: los primeros quieren intervenir el mercado para favorecer sus intereses y los segundos quieren intervenir el mercado para favorecer los suyos. Así que la renta básica, como decía, es una opción de política económica en defensa de la mayor parte de la población. No de la parte más rica. Exactamente lo contrario de lo que se ha venido haciendo a lo largo de los últimos treinta y cinco años, si atendemos a ingredientes centrales como la distribución de la renta que se ha producido en este tiempo. Un mero ejemplo, si en 1976 el 1% más rico de EE UU acaparaba el 9% de la renta nacional, en 2006 ya acumulaba el 20%. 2006 es justamente el año anterior a la crisis. Actualmente la desigualdad y la polarización son mayores. La crisis económica, provocada y ahora perfectamente aprovechada por los especuladores y banqueros, está haciendo estragos entre las clases populares.

Domenech:
Soy bastante escéptico respecto a las políticas “alterglobalizadoras” que hoy ocupan a buena parte de la izquierda. Creo que, por lo pronto, hay que desandar buena parte de lo andado, enderezar la economía y recuperar la soberanía popular controlando los movimientos de capitales. Hay que hacer una amplia coalición que destruya la élite rentista que se ha apoderado de la dinámica económica del mundo y que nos ha llevado a la catástrofe. Porque, es importante que lo tengamos presente, lo que vemos es la punta de un iceberg que se ha consolidado a lo largo de los últimos treinta años y que incluye también un enorme aumento de la pobreza en todo el mundo o la destrucción masiva de los ecosistemas. La situación actual ya la conocemos, este es el capitalismo desbridado de la Belle Époque. Tenemos conocimientos muy elaborados para saber cómo se pueden hacer reformas, lo que falta es voluntad política para emprenderlas y, sobre todo, un gran movimiento social como el que sí existía en los años treinta.

Antoni Domènech y Daniel Raventós son miembros fundadores de Sin Permiso. El primero es el editor general y el segundo es miembro del Comité de Redacción de la revista.

Cómplices

conexión:  http://www.attacmadrid.org

Realidad contra incompetencia

de los responsables económicos en la Unión Europea
26 Noviembre 2010 | Categorías: Comunicados
Etiquetas: neoliberalismo

ATTAC España

Tras el penoso y requerido por responsables económicos de la Comisión Europea “rescate de irlanda” los especuladores internacionales lejos de calmarse han recrudecido los ataques contra Portugal y España. El contagio se ha acelerado. Como los médicos que yerran en el diagnóstico lejos de sanar al enfermo aceleran su muerte.
El 22 por la tarde resultaba patético escuchar las respuestas que los fundamentalistas del mercado, y la propia Ministra Elena Salgado entrevistada por la noche en una televisión, improvisaban ante periodistas que los enfrentaban a la reacción inversa a la esperada y anunciada por ellos de los “mercados” al rescate de Irlanda. La respuesta del Gobernador del Banco de España de esta mañana, 23 de noviembre, pidiendo ante esta reacción “acelerar las reformas” es más que grotesca delictiva.

España no es Irlanda. Tampoco era Grecia. Pero Irlanda tampoco era ni es Grecia y no por ello se ha salvado. Ni Portugal ni España lo harán si se sigue con estas políticas fundamentalistas neoliberales erróneas.

En Grecia la asociación opaca y secreta delictiva de Goldman Sachs con el Gobierno conservador anterior estafó a la ciudadanía griega y a la europea, con el apoyo cómplice de la banca privada alemana y francesa. El rescate articulado con fondos europeos ha ido a garantizar el cobro de sus fondos a estos bancos alemanes y franceses, mientras que Goldman Sachs y anteriores responsables políticos están libres y sin cargos disfrutando de sus botines. La respuesta justa pasaba y pasa primero por imputar a estos responsables y emitir una orden de caza y captura por sus delitos para que sean juzgados; segundo por no reconocer la deuda y exigir su auditoria previa para sanearla y reconocer sólo lo justo y, tercero por anteponer los intereses sociales de los griegos a los intereses de la banca privada internacional replanteándose los presupuestos y compromisos de compra adquiridos como los nuevos submarinos a Alemania.

En Irlanda el actual Gobierno conservador nacionalizó las pérdidas de sus amigos los miembros de Consejo de Administración de los bancos privados irlandeses, abocando al Estado a la bancarrota, saltándose las normas de la propia UE, eso si cuando “había que hacer un paréntesis en el capitalismo” y la Comisión miraba para otro sitio. Ahora el Gobierno dimite y se apresta a vivir bien amparados por sus amigos salvados, mientras que a la ciudadanía irlandesa le trasfieren el coste, a la misma que recientemente acosaron para que ratificaran en referéndum el neoliberal Tratado de Lisboa con su irracional Título III que hoy les ata las manos y pies impidiendo que puedan defenderse. El rescate anunciado se dirige a salvar los intereses de la banca privada de Gran Bretaña, cuyo país no perteneciente a la zona euro no vacila en “solidarizarse” en el rescate con fondos públicos que pertenecen a la ciudadanía de su “graciosa majestad”. También allí hay motivos de sobra para juzgar los delitos de los actuales gobernantes y de los miembros de Consejo de Administración de los bancos privados. A negarse a pagar la deuda sin una auditoria previa y anteponer los intereses de la ciudadanía a los espurios de los especuladores fundamentalistas del mercado que nos mienten y engañan.

Hoy los países que integramos la Unión Europea disponemos de más recursos que en 1945, cuando Europa central estaba destrozada, sin ahorros, industria ni reservas. Entonces se erigió el Estado de Bienestar porque se priorizó el interés común y comunitario sobre el privado, la economía productiva que satisface necesidades sociales a el interés de los especuladores a los que se les regulaba normativamente, controlando el Estado cualquier movimiento de capital. Ahora también podemos siempre que volvamos a priorizar lo comunitario y social sobre el interés particular de un reducido grupo de especuladores internacionales.

La salida real y definitiva a la crisis para la ciudadanía existe, es posible y está al alcance de nuestras posibilidades, pero necesariamente ha de encaminarse hacia el desarme de los especuladores internacionales y la regulación del sistema financiero. No se conseguirá nada cediendo, intentando “calmar a los mercados”, sino enfrentándonos a ellos, viéndolos como lo que son: enemigos de la ciudadanía.

Esta respuesta debe ser sobre otras reglas de juego con el establecimiento de un Impuesto a las Transacciones Financieras en toda la Unión Europea o, por lo menos, en la zona euro que es la diana actual de los especuladores; reducción de las desigualdades sociales y redistribución más equitativa de la riqueza; Banca pública que garantice el flujo crediticio a pequeñas empresas y familias; y subordinación de los flujos comerciales a normas sociales y ecológicas recuperando la soberanía alimentaría perdida.

Estas medidas de justicia son incompatibles con las actuales reglas de la Unión Europea y de las instituciones financieras internacionales. Por eso es necesario derogar el Título III del actual Tratado de Lisboa, y avanzar decididamente en la construcción de la Europa política y social sin la que no puede sobrevivir la económica.

Desde ATTAC España llamamos la atención sobre el hecho de que la Confederación Sindical Europea ha convocado para los próximos días 15-18 de diciembre una acción europea contra los planes de ajuste de la Comisión y el erróneo fundamentalismo neoliberal de sus propuestas económicas. Esta es la respuesta de los y las que nos enfrentamos a la irracional y suicida deriva del actual sistema. No debemos caer en las maniobras y estrategia de distracción para diluir el golpe que irremediablemente van a recibir de la ciudadanía. Su tiempo ha acabado.

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